Lista o no, ¡ahí voy!

–Uno, dos, tres, cuatro… –cuenta Mariana –, cinco, seis, siete…Ya falta poco para llegar a diez –. Interrumpe. Luego, continúa contando–, ocho, nueve, diez. ¡Lista o no, ahí voy! –indica y sale corriendo a buscar a su compañerita de juego.

Comienza a buscar debajo de uno de los carros de los vecinos. No hay nadie. Sale corriendo rumbo a uno de los árboles cercano en donde suele esconderse ella; pero tampoco hay nadie. Se detiene a pensar por un momento y vuelve a correr nuevamente. Luego se encuentra con una de las vecinas y aprovecha para preguntarle, aunque sabe que, de alguna manera está haciendo trampa, pero poco le importa, ella quiere encontrar a su amiguita recién escondida.

–¿Ha visto a Juanita? 

–¿Qué Juanita? –pregunta su vecina. Mariana sonríe ligeramente.

–¡Olvídelo! –indica la pequeña sin dar mucha importancia al hecho de que su vecina no supiera nada de su amiga.  

      Mariana sonríe y vuelve a correr, esta vez se dirige a la entrada de su casa; al pasillo donde también suelen esconderse para jugar en el fraccionamiento en el que vive, en donde son alrededor de 200 edificios de 5 pisos cada uno conectados por pasillos largos entre las calles de cada uno de estos.

      Tampoco la encuentra.

De entre los lugares que suele utilizar para esconderse ella ya ha buscado en todos, sin embargo, tampoco quiere verse como la perdedora ante su amiga, así que, en vez de rendirse, comienza a buscar nuevamente entre las llantas de los diferentes automóviles que están estacionados. Pero tampoco encuentra nada.

–¡Juanita! ¿Dónde estás? –pregunta Mariana. Aunque, en el fondo sabe que ella no le responderá, pues entonces, la encontraría.

      Mariana se queda pensativa por un rato, pues no sabe dónde más buscarla. Sonríe y entonces se le ocurre que puede estar detrás de las escaleras que suben a los edificios que dan a su casa.

      Sin hacer mucho ruido comienza a caminar lentamente, pues tiene la idea de que ahí sí la va a encontrar.

      Juanita tampoco está ahí.

      Para ser un juego esto comienza a generarle cierta preocupación pues, podría ser que se halla alejado mucho del espacio en donde le está permitido esconderse o, probablemente alguien la había  se la  ha llevado.

      Mariana no tiene permiso de alejarse mucho de casa y su madre está pendiente de dónde juega para evitar que se pueda poner en algún tipo de riesgo. Sin embargo, a pesar de no estar muy lejos Mariana comienza a sentir nuevamente preocupación por su amiga. Últimamente escuchaba que en el fraccionamiento sucedían cosas que no eran muy gratas como robos y asaltos.

      Deja de pensar en esas cosas y comienza a imaginar en dónde más podría buscarla.

      Se le ocurre que puede estar en el mismo edificio pero en la parte de arriba, subiendo las escaleras. Así, se dispone a subir las escaleras para intentar encontrarla.

      Luego de un rato, escucha que su madre le llama para que entre a casa. Así Mariana se da cuenta de que ha perdido el juego o que su amiguita se ha extraviado.

–¿Qué haces Mariana? –pregunta su madre.

–Jugaba con Juanita, pero… creo de que desapareció–responde Mariana un tanto despreocupada. Su madre abre los ojos grandes.

–¿Qué Juanita? –interroga su madre al mismo tiempo que deja a un lado el trapo con el que está limpiando la mesa del comedor.

–Mi nueva amiga–responde tranquilamente.

–¿De dónde la conoces hija? –pregunta su madre con cierta angustia–. ¿Es una nueva vecina?  

–No mamá–responde con una sonrisa, al mismo tiempo que con su manita le dejaba ver despreocupación y calma–. Es una lagartijita que me encontré en la puerta de la entrada…

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