Asomada a la ventana

Se levantó muy temprano, casi de madrugada; se estiró, salió de su cómoda cama y se levantó para comenzar su día.  

De manera sigilosa bajó las escaleras intentando no despertar a nadie, en especial a los niños pues, entonces tendría que comenzar a jugar con ellos y no tenía mucho entusiasmo para hacerlo en ese momento. A primera hora de la mañana.  

Lentamente se acercó a mirar si había algo qué comer, pero ya no había nada; se había terminado todo la noche anterior y por la hora, era prácticamente imposible que hubiera cómo conseguir.  

Se acercó al sillón y, aunque había estado recostada toda la noche no tenía mucho más que hacer en ese momento así que se dispuso a subir en él. Primero se sentó y al poco rato se acomodó recostada. Lo único que podía hacer era mirar hacía su alrededor pues, ella no sabía cómo encender la televisión, misma que, a ratos, solía mirar aunque, en realidad, no era la forma de entretenimiento que más le apeteciera.  

En eso, observó que una cucaracha caminaba a paso lento y corto por el suelo de su casa y, como ese tipo de bichos no han sido de su agrado, de inmediato saltó del sillón con la intensión de deshacerse de ella.  

¡Ya sé! ¡Ya sé! Debemos respetar las diferentes formas de vida y, no es que ella estuviera a favor del maltrato animal, simplemente ese  tipo de bichos no eran de su agrado, por otra parte, tampoco sabía que debía respetar las diferentes formas de vida.  

La cucaracha comenzó a correr hábilmente  –como suelen hacerlo cuando se trata de cuidar de su propia vida– y ella comenzó a seguirla y dando al piso varios porrazos intentó matarla, sin embargo, el pequeño y hábil animalito se escondió debajo de un mueble al que le era imposible acceder.  

Se quedó por un momento más esperando a que saliera de su escondite para poder cazarla, sin embargo, en el lapso de tiempo que estuvo no salió y se aburrió de esperar, así que prefirió regresar al sillón, quizá recostarse por un rato le sería de más utilidad a estar parada cerca del mueble esperando a que saliera y, quizá, en otro momento la podría agarrar infraganti y cumplir su cometido.  

Poco rato pasó antes de que escuchara que uno de los niños se había despertado, pues de inmediato escuchó sus pasos bajando las escaleras.  

–¡Hola! Buenos días –saludó el pequeño. Luego, se acercó y le dio un beso para saludarla. Ella en cambio, no dijo nada.  

Luego Paco que estaba despierto y que no iba a despertar a sus padres –porque era muy temprano y fin de semana además–, se sentó a un lado de ella, encendió la televisión y se puso a ver una de sus caricaturas favoritas. Ella, no se quitó del sillón, en cambio, se dispuso a disfrutar a lado de su pequeño la caricatura.  

Al poco rato la caricatura que  miraba Paco le pareció aburrida. Dejó el sillón y caminó hacia la ventada en donde solía pasar grandes horas del día asomada; mirando todo,  como  si del chisme se tratara o de, simplemente perderse en los recuerdos del ayer o, quizá, solo disfrutaba de mirar el cielo: las aves que vuelan, las nubes, los árboles zarandeándose de un lado a otro por el viento; o mirar hacia la calle: los carros, las personas que pasaban a toda prisa porque se les hacía tarde o a aquellos que caminaban despacio, como siguiendo la rutina de la vida. Quizá también mirar a los perros, algunos de ellos sin dueños y otros amarrados a una correa para evitar que salieran corriendo; o probablemente, solo deseaba pasar el tiempo, sin ninguna excusa más que el hecho de pasarlo asomada a la ventana.   

En ese momento escuchó que Paco la llamaba, luego, el sonido que indicaba que había comida en su plato sonó de inmediato se quitó de la ventana para dirigirse a comer.  

–¡Mi gatita! ¡Mi gatita chula! –dijo Paco mientras le acariciaba el lomo y ella comía…  

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