El sueño se le había esfumado. Eran aproximadamente las 4:06 de la mañana. La noche había sido muy corta, pues desde que se recostó alrededor de las 11:40 del día anterior, no había podido descansar. Entre el calor que hacía en su dormitorio y las preocupaciones, los ojos no le habían cerrado para tener un buen descanso.

Se puso de pie, pues ya no sentía que tuviera algún sentido que estuviera de recostada. Se estiró durante medio minuto y luego se volvió a recostar.
Pensó en tomar el teléfono móvil para ver si tenía alguna notificación en alguna red social. Luego recordó que últimamente no tenía mucha comunicación con alguien en especial; o no con alguna persona de la que le interesara saber.
Comenzó a observar el techo de su casa. Luego, dirigió su mirada al mueble en el que solía colocar su ropa limpia: estaba completamente desordenado. Volteó la mirada hacía su buró: un libro a medio leer, una lámpara de mano, las llaves del auto, la cartera. Miró hacía el otro lado de la cama y, los zapatos, la ropa del día anterior y su sostén estaban tirados.
Reflexionó acerca de cómo estaba viviendo su vida: sin rumbo.
Harta, entre el cansancio que tenía por la falta de sueño y descanso y la falta de orden en su vida, comenzó a sentir un leve dolor de cabeza. Desesperada tomó su teléfono para ver si tenía alguna notificación. No había nada interesante.
Dejó nuevamente su móvil sobre el buró que tenía a un lado de su cama, se puso de pie y comenzó a tenderla, pues había escuchado que una de las mejores formas de comenzar el día es haciendo eso, pues le permitía tener orden en su vida; aunque su habitación, en sí misma, está completamente desordenada.

Pensó en ordenar su habitación, pero, era muy temprano; pensó en sentarse en el único sillón de su sala para ponerse a leer, pero era muy temprano para encender la luz; pensó en prepararse algo para desayunar, pero también para eso era muy temprano.
“Nada… no había nada que hacer”. Para todo es muy temprano.
A casi una hora de estar sin hacer nada, observó a través de la lucidez de su ventana la silueta de una persona que pasó corriendo. “Buena idea. Quizá para eso no es tan temprano», pensó. Salir a hacer ejercicio, pasear y tomar un poco de aire fresco para comenzar su día podía ser favorable; era el momento del día en el que había menos gente, el clima es completamente fresco a pesar del calor que solía hacer durante el resto de día.
Luego, comenzó reflexionar para sus adentros: “y sí es peligroso, probablemente para él chico que pasó no, pues es varón, pero yo”. Entonces se decidió por salir en el carro.
Tomó las llaves del auto que estaban en el buró, a un lado de su cama, salió de su casa en pijama, pues a esa hora nadie le veía y, si alguien lo llegaba a hacer, podía poner de pretexto que había tenido que salir de emergencia: “¿a qué?”. Algo se le ocurriría en caso de que sucediera.

Encendió el auto, bajó la ventanilla del lado del conductor. “Que rico está el aire”, pensó. Se echó de reversa y luego redireccionó su volante y comenzó a manejar. Una, dos, tres, cuatro cuadras y luego comenzó a pensar: “pero hacia dónde voy”. Detuvo el auto. En ese momento se percató que no llevaba su cartera, la licencia de manejo, dinero ni el teléfono móvil; por otra parte dijo para sus adentros: “solo estoy consumiendo combustible, quizá podría salir en la bicicleta: no voy tan lento como si corriera, pero hago ejercicio y además disfruto el aire fresco”
Dio la vuelta para volver a su departamento. En cuanto entró se cambió de ropa a algo más deportivo, tomó la cartera, el casco y la bicicleta; unos audífonos y música favorable para disfrutar el momento.
Comenzó a manejar rumbo al norte de su ciudad. El tráfico aún estaba muy calmado y la luz del sol comenzaba a iluminar el paisaje. “¿Hacia dónde voy?”, comenzó a preguntarse. Luego, continuó manejando, pues en realidad solo deseaba pasear aunque no tuviera que llegar a algún lugar en específico. “Quizá podría ir al parque, al gimnasio al aire libre, a la montaña que está cerca o, prefiero solo manejar”, se repitió por dentro al mismo tiempo que seguía su camino sin rumbo. Después de media hora de haberse alejado de su casa, se dio cuenta que era hora de volver. Afortunadamente conocía bien la ciudad por la que andaba, de lo contrario, se habría perdido en ella entre tanta vuelta sin sentido.

Regresó a casa en aproximadamente media hora. Luego, se duchó, se arregló, tomó un yogurt del refrigerador, agarró la llaves de su automóvil y salió rumbo a su rutinario trabajo…