Navegar la incertidumbre de la vida

Los cambios son parte de la vida. Están presentes constantemente y, por más seguridad que lleguemos a tener en algunas circunstancias, éstos aparecen y nos hacen modificar nuestra realidad.

De pequeños, con frecuencia, se nos enseña que debemos tener el control. Quizá esto no se hace de manera consciente, sino que, a través de diferentes elementos con los que vamos creciendo, se nos invita a pensar en que todo debe estar en control para poder tener seguridad personal.

Solemos crecer con la idea de que podemos, inclusive, debemos tener control de lo que sucede fuera de nosotros y que, de alguna manera, nuestra felicidad depende entonces de tener ese control exterior.

Desde que somos pequeños se nos inculca la idea, quizá más por desconocimiento que por intención. O quizá, más por tradición que por consciencia.

Por ejemplo, cuando un niño insulta a otro se suele llamar la atención a quién ofendió, pero no se trabaja con el niño que se sintió ofendido por lo que dijeron de él. Cuando de niños decimos lo que pensamos se nos corrige si nuestro pensamiento puede «ofender» al otro. Se nos invita a no decir lo que pensamos para que el otro no se sienta mal.

Y, con frecuencia, el motivo con el que se nos indica ello es diciéndonos: «no le digas así porque cuando te digan así no te va a gustar». Es decir, se nos invita a cuidar lo que decimos porque si otro nos lo dice nos vamos a ofender.

Con frecuencia aprendemos a prevenir como una manera de controlar lo exterior a nosotros. Lo que muchas veces implica cargar de más para tener el control.

Insinuar que debemos tener cuidado con nuestras palabras para que no ofendan al otro, es una manera de indicarnos que el otro también controlará lo que dice para que no nos ofenda.

El anterior es solo un ejemplo de cómo vamos aprendiendo este deseo de controlar lo que nos sucede en el exterior, sin muchas veces ser conscientes de que ello implica desear que el otro nos obedescan y hagan lo que deseamos.

No obstante, no representa el único ejemplo. A veces crecemos con la idea de «más vale prevenir que lamentar». Es decir, más vale tener el control a que las cosas sucedan de manera diferente a lo planeado, pero, por si suceden de otra forma también tenemos «plan B» identificado.

Hacer planes no está mal. Es bueno tener un camino a seguir, una guía o un mapa trazado que nos indique la ruta. No obstante, cuando las cosas salen de nuestro control, es decir, cuando a pesar de los planes que tenemos no podemos hacer más por conseguirlo, nos toca adaptarnos a la realidad.

Hacer planes en presente implica tener la capacidad de pensar que pueden no llevarse a cabo de la manera que lo hemos planeado.

Los seres humanos necesitamos la idea de futuro para poder darle a nuestra vida un sentido y un significado. Tener en mente lo que puede suceder es de importancia para calcular posibles riesgos, para tener un camino a seguir en nuestra vida y un cómo deseamos seguirla.

Hacer planes para mañana (ya sea literal o en sentido figurado), nos posibilita de buscar aquello que deseamos. No obstante, ni el futuro ni la forma en la que otras personas actúen depende de nosotros.

Hacer planes a futuro en presente, nos da la posibilidad de arriesgarnos a que las cosas no salgan de la manera que lo hemos planeado. Además, nos da la posibilidad de abrirnos mental y emocionalmente a actuar de manera distinta dependiendo de las mismas circunstancias.

Aunque hagamos planes a futuro, es importante plantearlos, no solo viviendo el presente a cada momento, sino siendo conscientes de que el futuro, al ser incierto, puede no llevarse de acuerdo a nuestros planes.

Navegar la incertidumbre de la vida implica estar abiertos a que el futuro no se exactamente de la manera en que lo hemos planeado y que, aún así, podemos ser felices y tomar las decisiones correctas de acuerdo a las circunstancias y la forma en la que se presentan.

Conclusión

Vivir el presente no implica no hacer planes a futuro, sino pensar en futuro siendo conscientes desde el presente que está sucediendo, aceptando las distintas posibilidades en las que el futuro se puede volver presente.

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