Agradecer lo que no elegimos

 ¿Alguna vez te ha sucedido que pasan cosas que no deseabas? Seguramente sí. Y duele. Especialmente cuando hemos hecho expectativas acerca de ello y no salieron de la manera en que esperábamos, ya sea por cuestiones propias o que no dependieron de nosotros.

Hacer expectativas es una característica humana, pues como personas tenemos la capacidad de pensar y, en dicha capacidad, está generar pensamientos a futuro.

Cuando las cosas no salen de la manera en la que esperábamos, la tristeza y la frustración aparecen como una primera emoción que nos acerca a la realidad vivida.

Por otra parte, pensar en el futuro ayuda a darle sentido a la existencia, pues de alguna manera la idea de lo que vendrá nos genera certeza sobre qué estaremos haciendo en un momento determinado que aún está por suceder.

No obstante, puede ser que las cosas no se den de la manera que buscábamos: ya sea un matrimonio o noviazgo que no funcionó, un trabajo que no fue lo esperado, un emprendimiento que no salió adelante, un libro que no se vendió, etcétera.

No obtener lo deseado puede ser frustrante.

Sin embargo, negarnos a la situación no provocará que ésta sea diferente. Al contrario, acrecentará la frustración en la medida en que se reniegue de ella, pues al no estar del todo en nuestras manos, no se puede cambiar.

Por otra parte, seguro te ha pasado en algún momento que, cuando sucedió aquello que no queríamos, vimos la bondad a través del tiempo. Es decir, terminamos percibiendo lo bondadoso en la situación, porque encontramos o recibimos un beneficio.

Por ejemplo, en un momento pudimos haber perdido el trabajo que deseábamos. No obstante, después conseguimos uno mejor que, de no haber sido porque perdimos el primero, no nos habríamos animado a buscar.

Así, aprender a agradecer lo que nos sucede sin juzgarlo, aunque no es sencillo, es un elemento que nos permite descubrir la bondad dentro de la situación, especialmente cuando ésta no depende de nosotros. Y claro, lo anterior no quiere decir que se agradezca exactamente lo que sucede, sino que se puede agradecer aquello que no estaba en nuestras manos y que, con el paso del tiempo, generó un beneficio.

Nadie agradece la muerte de un ser querido; no obstante, sabemos que no depende de nosotros quién y cuándo deja este mundo. Ese dolor, las circunstancias dadas y, con el paso del tiempo, su aceptación, nos pueden dar lecciones de vida de las que podemos aprender.

Aceptar y agradecer son puntos claves para poder vivir en mayor armonía. Además, nos provee de diferentes formas de aprendizaje.

Aceptar es, sin duda, un elemento importante para poder agradecer. Aunque no siempre sea sencillo dar gracias, especialmente cuando lo que sucede es contrario a lo deseado o anhelado; cuando el dolor es más fuerte por lo sucedido.

Como decía Epicteto: «Es fácil alabar a la providencia por cada cosa que sucede en el mundo si uno posee estas dos cosas: la capacidad de comprender cada suceso y el agradecimiento. De otra forma, uno no verá la utilidad de los sucesos y el otro no lo agradecerá.»

Aceptar, entonces, se vuelve el primer elemento para poder agradecer. Y, una vez que se ha agradecido, se puede aprender de ello. Ya sea para mejorar o para vivir con más paz y en mayor bienestar.

Aprender a dar las gracias es un ejercicio del día a día que nos dota de resiliencia y nos permite ver la vida de una forma diferente, cambiando no solo nuestra manera de percibir la vida, sino también de vivirla.

Deja un comentario