Vivir en el presente: ¿realidad o ilusión?

Vivir en el presente representa una de las claves para tener mayor consciencia y, en virtud de dicha posibilidad, se entiende que tanto las emociones como las elecciones que tomamos van encaminadas a ser personas más felices y, en consecuencia, más plenas.

Al decir “vive presente”, se hace referencia a la capacidad de desconectarnos del pasado y del futuro, tomando en consideración que el primero ya sucedió y no podemos cambiarlo, y el segundo está por suceder y no podemos asegurar que realmente sucederá de la forma en la que lo hemos planeado.

Nuestros pensamientos pasados, cuando no hemos resuelto, nos provocan tristeza. Los pensamientos futuros, proyectados desde el pasado, nos pueden generar ansiedad.

Dado lo anterior, se entiende que alguna situación del pasado que nos generó una idea, creencia o a la que le hemos dado un valor personal, no debe generarnos tristeza ni enojo, pues ya sucedió y no es posible que cambie.

Ciertamente el pasado no cambia. Las cosas sucedieron de la manera que fueron y eso no se puede modificar. Lo que sí es posible, es cambiar la forma en la que miramos el pasado.

Frente a las situaciones que pasan, somos nosotros quienes les damos significado, a través de nuestras creencias. Y nuestras creencias son pensamientos a los que les damos valor. Les damos valor porque alguien importante en nuestra vida nos lo dijo y, posteriormente, nosotros las reafirmamos haciendo cosas (no siempre de manera consciente) para que dicha creencia sucediera de esa manera.

Desde nuestra forma de percibir el mundo interpretamos la realidad que pasó. Y, ocasionalmente, solemos hacer cosas (de nuevo, no siempre desde la consciencia) que nos llevan a que se repitan los sucesos. De tal manera que solemos asumir que, si sucedió una vez, podrá suceder en el futuro, especialmente cuando algunas condiciones son similares.

Así, visualizamos escenarios futuros desde el pensamiento de aquello que sucedió y que fue significativo, y consideramos que puede llegar a suceder de nuevo. En ocasiones, somos nosotros mismos los que provocamos que suceda nuevamente, actuando de la misma manera que lo hicimos anteriormente.

El pasado lo recordamos desde nuestra perspectiva; desde la interpretación que hicimos en su momento, desde la consciencia que se tenía en ese momento.

El futuro es un tiempo que no podemos saber si realmente llegue a suceder. Es un tiempo que puede pasar de la manera pensada o de otra forma, pues, a pesar de los planes que tengamos o de lo perfecto que estructuremos las cosas, existen elementos que no dependen de nosotros y que nos pueden llevar a que no sucedan de la manera pensada.

Entonces, ¿no debemos hacer planes a futuro? Por supuesto que sí.

Como seres humanos somos racionales, y dicha capacidad nos permite visualizar a futuro. No obstante, es importante que dicha visualización sea consciente y en presente, sabiendo que es posible que las cosas no se den de la manera deseada y estando dispuestos a improvisar.

Al final de cuentas, la vida es una constante improvisación, pues no podemos tener control de todo lo que nos sucede.

No obstante, tener idea de futuro nos ayuda a saber cuál es el sendero que deseamos seguir en nuestra vida. Lo que no quiere decir que tengamos que ser rígidos, pues, en ocasiones, puede haber obstáculos o caminos cerrados que nos lleven a cambiar el camino sin perder la meta. Aunque, claro, cuando el camino nos presenta un obstáculo y comenzamos a traer obstáculos del pasado y hacemos una tormenta mental, el futuro puede ser perjudicial.

Vivir presente nos ayuda a dejar de lado los pensamientos que nos pueden estar perjudicando a la hora de tomar decisiones. El pasado nos puede entristecer o generar angustia cuando lo proyectamos a futuro. Y el futuro nos puede ansiar cuando nuestros pensamientos son catastróficos porque deseamos controlar que las cosas sucedan de la forma que quisiéramos.

Tomar un respiro suele ser de ayuda cuando nuestros pensamientos nos están atormentando con ideas pasadas o futuras. Respirar, sentir nuestra respiración entrar y salir, es una técnica que permite volver al presente. Cuestionar nuestros pensamientos, de igual manera, nos puede ayudar. Pero, ¿es realmente posible vivir presente todo el tiempo?

La realidad es que no. Somos seres pensantes y nuestros pensamientos están constantemente en nuestra cabeza. Algunas veces podemos darnos cuenta de ellos, otras no. En ocasiones podemos identificar que tenemos pensamientos que se han vuelto un hábito. O podemos reconocer de dónde vienen dichos pensamientos o creencias que nos atormentan o nos provocan diferentes emociones.

Vivir presente implica desconectarnos de nuestros pensamientos. Por lo menos por un momento para identificar que no son necesariamente lo que nosotros creemos.

Ser conscientes de lo que estamos pensando, y por qué lo pensamos, puede ayudar mucho a volver al presente. No obstante, vivir totalmente en el presente es una práctica que no es posible alcanzar, pues tanto el pasado como el futuro forman parte de nuestra vida humana. Ambos son de utilidad: el primero porque nos permite aprender y el segundo porque nos permite encontrar sentido.

Vivir consciente, es decir, aprender a reconocer nuestros pensamientos y creencias, y de dónde provienen, así como desconectarlos para ser más conscientes y vivir más libres, es mucho más real que solo vivir en el ahora de manera permanente.

Recordar que, como decía Séneca, “a menudo sufrimos más en nuestra imaginación que en la realidad”, es un punto clave para fortalecer nuestra capacidad de identificar los pensamientos y creencias que nos pueden atarear. Que, sin duda, es mucho más sencillo que vivir en el ahora totalmente.

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