El cierre de ciclos y la trampa de los propósitos de Año Nuevo

¿Te ha sucedido que te propones objetivos de Año Nuevo que, al poco tiempo, dejas de cumplir?

La Tierra ha completado una vuelta más alrededor del Sol. Este proceso natural representa, para los seres humanos, el inicio de un nuevo año civil. Como seres que otorgamos significado, comprendemos el mundo desde la perspectiva del pasado y del futuro. Por ello, los ciclos se convierten en elementos fundamentales dentro de nuestra vida de sentido.

Cerrar un ciclo nos permite reconocer que existe un pasado, una marca que quedó atrás en el tiempo y que, dependiendo de cómo la miremos, podemos convertirnos en víctimas o en aprendices de ella. El fin de un ciclo nos da la posibilidad de lamentarnos por aquello que deseábamos y no sucedió como esperábamos, o bien, aprender de la experiencia para mejorar.

El pasado nos permite aprender de aquellas cosas que no funcionaron, para poder, con esa experiencia, mejorar las condiciones que vienen.

Es precisamente en esta posibilidad de aprendizaje donde se hace visible que, ante un ciclo que se cierra, otro comienza a abrirse. Esto nos permite proyectar aquello que deseamos que ocurra en nuestra vida.

Así, el cierre de un ciclo representa también el inicio de otro, junto con las distintas posibilidades de acción que se presentan frente a nosotros. Por ello, solemos formular una serie de propósitos como una forma de reconocer el futuro que deseamos para el nuevo ciclo que comienza. Sin embargo, esto no siempre resulta favorable, ya que muchos de nuestros planes surgen de deseos poco conscientes o de la falta de autoconocimiento.

El mundo actual, a través del consumismo, nos invita constantemente a desear más bienes materiales y nos presenta modelos a seguir como guías de aquello que se considera la manera “correcta” de vivir. De este modo, vamos construyendo propósitos que, en muchas ocasiones, no responden a nuestros ideales de autenticidad, sino a la idea de cómo “deberíamos” ser.

Por ello, no se trata de dejar de desear. Desear forma parte de nuestra naturaleza humana y es, al mismo tiempo, un motor que nos impulsa a buscar aquello que consideramos puede mejorar nuestra calidad de vida. De lo que se trata es de desear con consciencia y con reconocimiento del propio deseo.

Así, es válido desear un mejor salario para el próximo año. El punto central está en reconocer para qué queremos ese mejor salario: ¿qué función cumplirá en nuestra vida el hecho de acceder a una mayor fuente de ingresos?

El dinero es útil en la misma medida en que lo son los demás bienes materiales. La cuestión clave es reconocer el uso que deseamos darle. Si lo buscamos únicamente como un medio para sentir la certeza de que “todo estará bien”, o si lo deseamos por el temor a que su ausencia limite nuestra vida, entonces la búsqueda del dinero queda reducida al miedo.

En cambio, si deseamos más dinero porque reconocemos que puede ayudarnos a vivir experiencias, a mejorar la calidad de vida de quienes amamos, o a apoyar a otras personas, entonces ese deseo adquiere un sentido consciente y definido.

Lo mismo ocurre con el deseo de un mejor trabajo. Si lo buscamos únicamente por más dinero, más poder o mayor reconocimiento externo, estamos persiguiendo un ideal impuesto de éxito laboral.

La situación cambia cuando deseamos un mejor trabajo porque sabemos que, a través de él, podemos aportar más a la vida de otras personas, desde aquello que sabemos hacer bien y que además disfrutamos.

Algo similar sucede con el cuerpo. Si deseo bajar de peso para cumplir con los estándares de belleza impuestos por la sociedad, probablemente el proceso se viva desde la mortificación. En cambio, si lo hago porque comprendo que es parte del cuidado de mi salud, entonces no solo incorporo el ejercicio, sino que también elimino de mi alimentación aquello que me perjudica, reconociendo que no aporta a mi bienestar más allá de los estándares externos. En este caso, el deseo nace desde la consciencia y la autenticidad.

Comprender porqué quiero lo que quiero, es elemental para trabajar por ello desde lo que somos, y no desde lo que se nos ha dicho que debería ser.

Así podríamos continuar analizando múltiples elementos externos que influyen en la forma en que miramos la vida, especialmente cuando hablamos del cierre y apertura de ciclos.

Y lo reitero: no se trata de no desear, sino de tener claridad sobre nuestros deseos. Se trata de que los propósitos de Año Nuevo surjan de quiénes somos y de lo que realmente queremos hacer, más allá de los deseos impuestos o superficiales. Solo así podremos trabajar de manera genuina por aquello que verdaderamente anhelamos.

Para ello, es fundamental conocernos a nosotros mismos, ya que en la medida en que lo hacemos, contamos con más herramientas personales para reconocer por qué deseamos lo que deseamos y qué estamos dispuestos a hacer para conseguirlo.

Si este proceso de autoconocimiento resuena contigo, te dejo el enlace a mi curso de autoconocimiento en Udemy. Estoy convencido de que puede aportarte claridad para tomar decisiones desde la autenticidad y la consciencia.

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