Dormía profundamente cuando a lo lejos escuché el vibrador del teléfono sonando de manera abrupta.

Me levanté de la cama somnoliento; con un agrio sabor en la boca y los ojos casi cerrados.
«Amanda». Decía el teléfono.
–¿Sí? –dije con cierta angustia –. ¿Está todo bien? –El teléfono del otro lado se quedó en silencio –. ¡Amanda! ¿Estás bien? –repetí.
–¡Lucio! –Se escuchó del otro lado del teléfono –. ¡Estoy perdida!¡Ven por mí!
¡Por favor! –me dijo con un tono de susto.
–Sí claro. ¿En dónde estás? –pregunté de inmediato al mismo tiempo que buscaba
un pantalón y la camisa del día anterior para ponérmela y salir a su encuentro.
