El primer día de clases presenciales después de la pandemia.

Se despertó muy temprano —justo cuando sonó el despertador—. Pues estaba muy emocionada; sería su primer día en el colegio después varios meses de no haber asistido; ahora volvería a ver a todos sus compañeros en persona –pues aunque había visto a algunos, la convivencia entre todos sus amigos del aula no había sido posible por mucho tiempo–, probablemente, algunos de ellos ya estarían mucho más altos que ella.

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El retrato de la abuela

Era muy temprano todavía cuando mamá me despertó.

-¡Apúrate que hoy te vas a quedar en casa de tu abuela! Yo me tengo que ir a trabajar y no hay con quién te quedes.

-Son las 8:00 de la mañana.

-¡Date prisa!Que si no, no llego a mi trabajo.

Realmente para mí era muy temprano. En vacaciones solía despertarme a las 12:00 de la tarde, aunque, efectivamente, mi madre se quedaba en casa todo el día porque también había tenido vacaciones.

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La maceta de la entrada

Llegué un poco tarde a casa; o quizá muy temprano… 

Eran las 7:00 de la mañana. Había salido con un par de amigas desde la tarde-noche del día anterior. Nuestra intención era ir por un par de copas a un bar, platicar y, probablemente conocer gente; no para algo casual; tampoco para algo formal. Simplemente ver caras diferentes.  

–¡Ey! Toña, por acá estamos –me gritaron desde una de las mesas del fondo. Luego, luego las reconocí: a Juli por sus cabelleras largas y despeinadas, su piel morena y sus pantalones acampanados; a Roberta por su piel blanca, su sonrisa de oreja a oreja y sus cabellos largos y chinos.  

Saludé y de inmediato me dirigí hacía la mesa en donde me esperaban ambas con una cerveza.  

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