
Llegó el 28 de octubre y Bertha, a pesar de la edad tan avanzada que tenía, se levantó muy temprano –más que de costumbre– y con entusiasmo se preparó para ir al «Mercado de Abastos» para realizar sus compras. A pesar de su edad y las dificultades propias que ésta le generaba para subirse al camión y caminar entre los tumultos de gentes, la emoción de saber que, pronto vendría a visitarla el «amor de su vida» le motivaba más.
Una tarde de primavera Bertha salía de su trabajo en una tienda de autoservicio y, mientras esperaba a que pasara el camión que la llevaría a su casa, las gotas de agua comenzaron a caer del cielo. Toño que esperaba en la misma parada y que era un caballero, al ver que ella extendió su mano para que el autobús se detuviera y que debía pasar bajo la lluvia, le extendió el paraguas para rescatarla. Luego subió al mismo camión, pues le quedaba de paso y, al bajar ella, ya habían platicado por un tiempo así que, se ofreció para acompañarla y así evitar que se mojara.
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