El viaje escolar

«Ringgg», «Ringgg». Escuché el teléfono sonar.

—¡Sí! ¿Quién habla? —pregunté un tanto adormilado.

—Mi novio. Mi novio está encerrado en la cárcel —dijo la voz de mi amiga, entrezollosos. Yo aún me sentía aturdido. —Lo encerraron por serme infiel.

En ese momento desperté. Todo había sido un sueño; un mal sueño en el que mi amiga estaba sufriendo. Me quedé pensando en ella por unos minutos. Al poco rato el despertador sonó.

—Apaga eso —respondió uno de mis compañeros de clase y de cuarto que, en ese momento debido al viaje escolar compartía conmigo dormitorio. Me desperté, más por el susto del sueño que por el despertador y pregunté:

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Artemio el pescador

–Jacinto, vente pa’ ‘ca –indicó su padre.

      Eran aproximadamente las cinco de la mañana cuando don Artemio y Jacinto –el hijo mayor– se habían levantado para iniciar su jornada de pesca. Artemio tomó la lancha, que desde hacía varios años le había servido como medio de transporte, la echó al agua, tomó su red y le indicó nuevamente a su hijo que subiera.

–‘Apa–respondió Jacinto–esa lancha ya tiene hoyo, no nos vaigamos a hundir.

–¡Cómo crees! Chamaco iluso, esta lancha me ha sido de utilidad durante años. Además, ¿cómo quieres tú que comamos si no salimos a pescar en esto?

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El primer día de clases presenciales después de la pandemia.

Se despertó muy temprano —justo cuando sonó el despertador—. Pues estaba muy emocionada; sería su primer día en el colegio después varios meses de no haber asistido; ahora volvería a ver a todos sus compañeros en persona –pues aunque había visto a algunos, la convivencia entre todos sus amigos del aula no había sido posible por mucho tiempo–, probablemente, algunos de ellos ya estarían mucho más altos que ella.

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Lista o no, ¡ahí voy!

–Uno, dos, tres, cuatro… –cuenta Mariana –, cinco, seis, siete…Ya falta poco para llegar a diez –. Interrumpe. Luego, continúa contando–, ocho, nueve, diez. ¡Lista o no, ahí voy! –indica y sale corriendo a buscar a su compañerita de juego.

Comienza a buscar debajo de uno de los carros de los vecinos. No hay nadie. Sale corriendo rumbo a uno de los árboles cercano en donde suele esconderse ella; pero tampoco hay nadie. Se detiene a pensar por un momento y vuelve a correr nuevamente. Luego se encuentra con una de las vecinas y aprovecha para preguntarle, aunque sabe que, de alguna manera está haciendo trampa, pero poco le importa, ella quiere encontrar a su amiguita recién escondida.

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El retrato de la abuela

Era muy temprano todavía cuando mamá me despertó.

-¡Apúrate que hoy te vas a quedar en casa de tu abuela! Yo me tengo que ir a trabajar y no hay con quién te quedes.

-Son las 8:00 de la mañana.

-¡Date prisa!Que si no, no llego a mi trabajo.

Realmente para mí era muy temprano. En vacaciones solía despertarme a las 12:00 de la tarde, aunque, efectivamente, mi madre se quedaba en casa todo el día porque también había tenido vacaciones.

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