—Disculpe, ¿qué precio tiene este cuadernillo de partituras? —preguntó Noelle al viejo tendero.

—Permítame revisarlo —indicó el viejo al mismo tiempo que tomaba sus anteojos viejo y los colocaba en su rostro —. ¿Qué es esto? —preguntó inquietante —, no lo había visto por acá. Aunque, como sabrá —dijo sonriendo— esta tienda es de vejestorios y antigüedades, incluyendo al viejo Rafael —comentó nuevamente mostrando un sonrisa al mismo tiempo que revisaba entre sus manos un cuaderno de piel maltratada.
Noella sonrió. Miró al rededor de la tienda todo lo que había. Era una tienda de cosas usadas, antiguas y que, algunas personas consideraban que podían ser basura aunque, para muchas otras, eran de gran valor; especialmente aquellas que por añoranza les traían recuerdos. Para ella, tocar el piano que su abuela le había dejado era una maravilla y, tener entre sus manos un viejo cuaderno de partituras le parecía increíble.
—Pues mira —dijo el viejo Rafael —, este cuaderno no lo había visto antes, entonces, no le he podido poner un precio. ¿Te parece justo darme $200 pesos? —preguntó inquietante —. Bueno, dame solo $150 pesos.
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