La maceta de la entrada

Llegué un poco tarde a casa; o quizá muy temprano… 

Eran las 7:00 de la mañana. Había salido con un par de amigas desde la tarde-noche del día anterior. Nuestra intención era ir por un par de copas a un bar, platicar y, probablemente conocer gente; no para algo casual; tampoco para algo formal. Simplemente ver caras diferentes.  

–¡Ey! Toña, por acá estamos –me gritaron desde una de las mesas del fondo. Luego, luego las reconocí: a Juli por sus cabelleras largas y despeinadas, su piel morena y sus pantalones acampanados; a Roberta por su piel blanca, su sonrisa de oreja a oreja y sus cabellos largos y chinos.  

Saludé y de inmediato me dirigí hacía la mesa en donde me esperaban ambas con una cerveza.  

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