—Maestra, ¡José me dijo que tengo cara de chango! —se queja el niño de 7 años con su maestra, sentido, con el rostro mostrando tristeza y en sus ojos una leve lámina de lágrimas.
—¡¿Qué pasó, José?! —reclama la maestra al niño que dijo la ofensa—. ¡No tienes por qué ofender a tu compañerito! —indica la maestra con cierta molestia. Luego, lo manda a sentarse y al niño que se quejó le dice que ya le ha llamado la atención.
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