La tarde había caído y el cansancio apareció sin siquiera darme cuenta. Tomé del refrigerador un refresco de limón y me dispuse a ver la televisión; nada bueno que ver.
Mis padres, de momento, habían decidido que la mejor forma de castigarme era cancelando las suscripción a Netflix y quitando el Internet, pues según la maestra de Matemáticas me la pasaba hablando de series todo el tiempo; pero de las asignaturas de la escuela, ni hablo ni muestro interés.
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