Agridulce desempeño

Amira parpadea levemente. El cansacio se hace presente en ella después de estar observando las pantallas en su trabajo.

Bosteza y, de inmediato voltea a mirar las cámaras dentro de su oficina con cierto temor de que la hayan pillado a ella. Luego, nota cabizbaja a una de las empleadas.Toma la bocina del interfón y llama a la encargada de la sección 13 de máquinas de ensamble.

—Necesito a Ariadne en la oficina. —Cuelga el teléfono sin esperar respuesta de la supervisora de área.

Al poco rato llaman a la puerta de su oficina. Amira se pone de pie, abre, mira de reojo a la trabajadora y luego le indica que pase. Ariadne entra lentamente y, sin querer agacha la cabeza.

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Atrapado en el pasado

Me desperté temprano. O eso creí. La luz de sol apenas estaba saliendo. Fue lo que vi a través de las cortinillas. El dolor de cabeza se hizo presente y la sequedad en mi boca me recordaba la posible fiesta del día anterior. Bostecé de nuevo y luego me recosté.

—¡Abel! —Escuché que alguien me llamaba —. ¡Abel! ¡Abel ya despierta! Es hora.

—¿Hora de qué? —pregunté con los labios casi cerrados y una voz muy baja. Luego recordé que tenía tiempo viviendo solo.

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El piano de la abuela

—Disculpe, ¿qué precio tiene este cuadernillo de partituras? —preguntó Noelle al viejo tendero.

—Permítame revisarlo —indicó el viejo al mismo tiempo que tomaba sus anteojos viejo y los colocaba en su rostro —. ¿Qué es esto? —preguntó inquietante —, no lo había visto por acá. Aunque, como sabrá —dijo sonriendo— esta tienda es de vejestorios y antigüedades, incluyendo al viejo Rafael —comentó nuevamente mostrando un sonrisa al mismo tiempo que revisaba entre sus manos un cuaderno de piel maltratada.

Noella sonrió. Miró al rededor de la tienda todo lo que había. Era una tienda de cosas usadas, antiguas y que, algunas personas consideraban que podían ser basura aunque, para muchas otras, eran de gran valor; especialmente aquellas que por añoranza les traían recuerdos. Para ella, tocar el piano que su abuela le había dejado era una maravilla y, tener entre sus manos un viejo cuaderno de partituras le parecía increíble.

—Pues mira —dijo el viejo Rafael —, este cuaderno no lo había visto antes, entonces, no le he podido poner un precio. ¿Te parece justo darme $200 pesos? —preguntó inquietante —. Bueno, dame solo $150 pesos.

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Refugiados en Granaditas

—¡Apúrate! —gritó mi madre desesperada —. ¡Apúrate que ya vienen esos desgraciados! —se asomó gritando en la parte inferior de las escaleras; su rostro mostraba pánico.

Sin decir mucho bajé de las escaleras de inmediato. Quería tomar una de las muñecas de trapo que Nana Juanita había tejido para mí, sin embargo, cuando vi que mi madre subía a toda prisa, me di cuenta que ya no me daría tiempo.

Salimos corriendo de casa rumbo a la Alhóndiga de Granaditas. Mi madre me tomaba de la mano mientras Nana Juanita, la criada de la casa, venía cargando a mi hermano de tres años y en la otra mano a mi hermana de cinco.

En las calles se respiraba angustia; los rostros de las mujeres, niños y algunos ancianos abrían grandes sus ojos; alguna que otra lágrima se dejaba entre ver; y todos corrían desesperados intentando llevar algunas de sus cosas de valor con ellos.  Todos corríamos con desesperación hacia el viejo granero en donde el Intendente Riaño nos había indicado que podíamos refugiarnos.

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Queridos reyes magos:

–El Gobierno Federal ha anunciado que, si las condiciones lo permiten, a partir de enero de 2021 se retomarán las  clases presenciales de manera progresiva, pues lo más importante es seguir preservando la salud de todos los mexicanos –dijo la comentarista de las noticias de la mañana.

–Esto está muy complicado Maribel –dijo don Guillermo a su hija –. Debes tener cuidado. Yo sé que debes trabajar y, pues no es que quieras salir pero… cuídate. Tienes una pequeña en casa y no queremos que hagas falta aquí.

Maribel bajó la mirada, agachó la cabeza y luego, en voz casi nula dijo:

–Sí papá. Tomo todas las medidas necesarias para evitar contagiarme. –Su padre asintió con la cabeza y sonrió.

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