La chica de la fotografía

No era el mejor día de mi vida. Acababa de terminar mi relación laboral con la empresa con la que colaboré desde hacía 8 años y en la que comencé mi vida de trabajador. Ni siquiera me sentía merecedor a ser despedido. Pero dijeron que mi área había dejado de ser necesaria porque ahora la tecnología lo haría por mí y además no había presupuesto.

Tuve que comenzar a buscar otra cosa para vivir.

Pasé a un bar; uno de esos elegantes en el que vi que solicitaban mesero. La paga no era mucha, pero tenía la esperanza de que al ser un restaurante de alcurnia los clientes dieran una buena propina.

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El viaje escolar

«Ringgg», «Ringgg». Escuché el teléfono sonar.

—¡Sí! ¿Quién habla? —pregunté un tanto adormilado.

—Mi novio. Mi novio está encerrado en la cárcel —dijo la voz de mi amiga, entrezollosos. Yo aún me sentía aturdido. —Lo encerraron por serme infiel.

En ese momento desperté. Todo había sido un sueño; un mal sueño en el que mi amiga estaba sufriendo. Me quedé pensando en ella por unos minutos. Al poco rato el despertador sonó.

—Apaga eso —respondió uno de mis compañeros de clase y de cuarto que, en ese momento debido al viaje escolar compartía conmigo dormitorio. Me desperté, más por el susto del sueño que por el despertador y pregunté:

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Los botes de aceitunas

—¡Vas a entrar a la tienda de la esquina! —ordenó la voz del otro lado del auricular —. Llegas al pasillo donde están las semillas. En donde están los botes de aceitunas, buscarás 3 que están marcados en la tapa con un color rojizo. Los tomas, los pagas y, cuando estés en un lugar seguro los abres, sacas lo que hay dentro y se lo entregas al jefe. ¿¡Entendido!? —preguntó con seriedad. El joven que estaba en la llamada tragó saliva con lentitud, asintió con la cabeza —¿¡Entendiste lo que tienes que hacer!? —cuestionó nuevamente la gruesa voz del otro lado del teléfono. 

—S… sí. S…sí. Lo he comprendido —respondió al mismo tiempo que sus piernas tiritaban levemente. 

La llamada se colgó en ese momento. 

El joven tomó un respiro profundo y se dirigió a la tienda en la que le había indicado. Tenía poco tiempo de que la habían abierto y, las aceitunas no son de uso frecuente y diario. Así que tenía la esperanza de encontrar el paquete que le habían ordenado. 

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Queridos reyes magos:

–El Gobierno Federal ha anunciado que, si las condiciones lo permiten, a partir de enero de 2021 se retomarán las  clases presenciales de manera progresiva, pues lo más importante es seguir preservando la salud de todos los mexicanos –dijo la comentarista de las noticias de la mañana.

–Esto está muy complicado Maribel –dijo don Guillermo a su hija –. Debes tener cuidado. Yo sé que debes trabajar y, pues no es que quieras salir pero… cuídate. Tienes una pequeña en casa y no queremos que hagas falta aquí.

Maribel bajó la mirada, agachó la cabeza y luego, en voz casi nula dijo:

–Sí papá. Tomo todas las medidas necesarias para evitar contagiarme. –Su padre asintió con la cabeza y sonrió.

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Artemio el pescador

–Jacinto, vente pa’ ‘ca –indicó su padre.

      Eran aproximadamente las cinco de la mañana cuando don Artemio y Jacinto –el hijo mayor– se habían levantado para iniciar su jornada de pesca. Artemio tomó la lancha, que desde hacía varios años le había servido como medio de transporte, la echó al agua, tomó su red y le indicó nuevamente a su hijo que subiera.

–‘Apa–respondió Jacinto–esa lancha ya tiene hoyo, no nos vaigamos a hundir.

–¡Cómo crees! Chamaco iluso, esta lancha me ha sido de utilidad durante años. Además, ¿cómo quieres tú que comamos si no salimos a pescar en esto?

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