–¡Muchas felicidades hija! –dijo mi madre al mismo tiempo que me extendía una caja forrada. Yo me levanté emocionada; más por la caja que por la felicitación.

–¡Gracias má’! –respondí al mismo tiempo que me levantaba de mi cama para darle un abrazo y recibir el regalo que, sospechaba, era un teléfono móvil que desde hacía algún tiempo le venía pidiendo.
Mi madre sonrió, me regresó el abrazo y luego se sentó a un lado de mi cama a observar que abriera mi regalo.
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