El limosnero y los tres solidarios

Por las calles del centro de la ciudad, un limosnero, desde hacía varios años, se sentaba a pedir a quienes pasaban por su acera una monedita que le ayudara a sobrevivir.  

Aquel viejo limosnero, algún tiempo atrás, había servido como uno de los mejores obreros en una de las fábricas más importantes de su ciudad, pero la desgracia en su vida personal apareció: se enamoró de una mujer: de sus bellos ojos, su delgadez extrema, su piel canela y su sonrisa. Luego, lo dejó por otro más joven, sin embargo, él había abandonado a su mujer y a sus hijos por ella; desperdició su poca fortuna en intentar complacerla.  

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