Agridulce desempeño

Amira parpadea levemente. El cansacio se hace presente en ella después de estar observando las pantallas en su trabajo.

Bosteza y, de inmediato voltea a mirar las cámaras dentro de su oficina con cierto temor de que la hayan pillado a ella. Luego, nota cabizbaja a una de las empleadas.Toma la bocina del interfón y llama a la encargada de la sección 13 de máquinas de ensamble.

—Necesito a Ariadne en la oficina. —Cuelga el teléfono sin esperar respuesta de la supervisora de área.

Al poco rato llaman a la puerta de su oficina. Amira se pone de pie, abre, mira de reojo a la trabajadora y luego le indica que pase. Ariadne entra lentamente y, sin querer agacha la cabeza.

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Atrapado en el pasado

Me desperté temprano. O eso creí. La luz de sol apenas estaba saliendo. Fue lo que vi a través de las cortinillas. El dolor de cabeza se hizo presente y la sequedad en mi boca me recordaba la posible fiesta del día anterior. Bostecé de nuevo y luego me recosté.

—¡Abel! —Escuché que alguien me llamaba —. ¡Abel! ¡Abel ya despierta! Es hora.

—¿Hora de qué? —pregunté con los labios casi cerrados y una voz muy baja. Luego recordé que tenía tiempo viviendo solo.

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El primer día de clases presenciales después de la pandemia.

Se despertó muy temprano —justo cuando sonó el despertador—. Pues estaba muy emocionada; sería su primer día en el colegio después varios meses de no haber asistido; ahora volvería a ver a todos sus compañeros en persona –pues aunque había visto a algunos, la convivencia entre todos sus amigos del aula no había sido posible por mucho tiempo–, probablemente, algunos de ellos ya estarían mucho más altos que ella.

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Perdido en la noche

Dormía profundamente cuando a lo lejos escuché el vibrador del teléfono sonando de manera abrupta.

Me levanté de la cama somnoliento; con un agrio sabor en la boca y los ojos casi cerrados.

«Amanda». Decía el teléfono.

–¿Sí? –dije con cierta angustia –. ¿Está todo bien? –El teléfono del otro lado se quedó en silencio –. ¡Amanda! ¿Estás bien? –repetí.

–¡Lucio! –Se escuchó del otro lado del teléfono –. ¡Estoy perdida!¡Ven por mí!
¡Por favor! –me dijo con un tono de susto.

–Sí claro. ¿En dónde estás? –pregunté de inmediato al mismo tiempo que buscaba
un pantalón y la camisa del día anterior para ponérmela y salir a su encuentro.

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