Vivimos en un mundo donde casi todo ocurre deprisa. Nos levantamos con el tiempo contado, respondemos mensajes al mismo ritmo que respiramos y emprendemos actividades sin detenernos a pensar en su verdadero sentido. Ese ir y venir sin pausa termina por desgastarnos y nos hace sentir que no tenemos el control de nada.
Pero la verdad es que no necesitamos controlar todo lo que sucede para vivir con serenidad. A veces basta con hacer una pausa antes de comenzar. Reflexionar sobre la esencia de lo que vamos a realizar y visualizar lo que podría suceder es un hábito sencillo, casi invisible, pero con un poder enorme para transformar la forma en que vivimos cada experiencia.
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