Vivir en la incertidumbre sin perder el rumbo

Como seres humanos tenemos la capacidad de pensar a futuro. Está en nuestra condición racional la posibilidad de planear, pues en ello radica la capacidad de potenciarnos y seguir adelante en nuestro caminar por la vida. Así, hacer planes a futuro nos permite tener una idea clara de hacia dónde nos queremos dirigir.

La posibilidad de futuro es, entonces, no solo una ventaja de la consciencia racional, sino también una forma de guiarnos y darnos visión.

En la vida es imprescindible tomar decisiones y, cada elección traerá consigo consecuencias que nos alejen de lo que deseamos o que nos acerquen a ello. Es importante reconocer que, aunque no tenemos el control de lo que pueda suceder, controlamos nuestra capacidad de elección.

No obstante, pensar en el futuro implica dos posibilidades: que las cosas sucedan como las planeamos, o que existan situaciones que no nos permitan llevar a cabo los planes de la manera en que los habíamos pensado.

En la vida es imprescindible tomar decisiones, y cada elección traerá consigo consecuencias que nos acerquen a lo que deseamos o que nos alejen de ello. Es importante reconocer que, aunque no tenemos el control total de lo que pueda suceder, sí controlamos nuestra capacidad de elección.

En el primer caso, es importante reconocer que existen diversas causas que están en nuestras manos. Es decir, muchas de las cosas que nos planteamos dependen de nosotros. En ese sentido, debemos hacer lo mejor posible para el logro de dichos objetivos, pues en la medida en que cumplimos con lo que nos corresponde, se incrementan las posibilidades de alcanzar aquello que deseamos.

Del mismo modo, es fundamental reconocer que, si algo no sale de la manera esperada, es necesario aprender de los errores. En la medida en que tenemos la capacidad de reconocer en qué nos hemos equivocado y cómo podemos mejorar la próxima vez, aumentan las posibilidades no solo de aprender, sino también de alcanzar aquello que deseamos en la vida.

Por otra parte, es importante aprender que existen situaciones que no dependen enteramente de nosotros.

Es decir, en este proyectarnos hacia el futuro, no siempre está en nuestras manos que todo salga de la manera planeada. Existen factores externos que pueden provocar un impedimento parcial o incluso total.

La posibilidad de futuro radica justamente en eso: en ser una posibilidad, pues no necesariamente sucederá como lo deseamos. Y, precisamente, en ello consiste el futuro.

Para los seres humanos, la capacidad de pensar en el futuro y la consciencia de que las cosas pueden o no suceder como se espera puede generar estrés y ansiedad, en el sentido de la opresión mental que provoca el deseo de que todo ocurra de la manera que nos gustaría.

Decidir por algo implica dejar la otra opción. Por ello, elegir puede causar angustia existencial, ya que cada decisión conlleva consecuencias. Algunas de ellas, no visibles a futuro.

La vida, en cierta forma, es una constante incertidumbre que, gracias a nuestra capacidad de razonamiento, nos permite ser conscientes de las distintas posibilidades.

Aprender a reconocer que dentro de esas posibilidades las cosas pueden o no suceder como deseamos nos permite soltar. Es decir, dejar de aferrarnos a que todo sea como lo imaginamos, para permitir que las cosas sean de la mejor manera posible para nosotros. Entendiendo por posibilidad la capacidad de reconocer qué está en nuestras manos, qué no lo está y qué podemos hacer para mejorar el resultado.

Planear en el presente es un acto de consciencia que nos permite que aquello que suceda en el futuro fluya de la mejor manera posible. Esto, sin duda, nos ayudará a vivir el futuro —una vez que se vuelve presente— de forma más consciente, sin aferrarnos a que las cosas sean exactamente como las deseamos y sin dejar, por ello, de luchar por aquello que nos importa.

Saber que somos seres que viven en medio de la incertidumbre no significa vivir con miedo; por el contrario, nos permite ser personas más conscientes y elegir mejor, evitando que el temor ante lo desconocido y la frustración por lo que no sucedió como se esperaba invadan nuestros pensamientos y nos desgasten. Así, además de tomar mejores decisiones, nos convertimos en personas que disfrutan el camino, sin necesidad de estar constantemente pensando en llegar a la meta para poder gozar.

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