A propósito del día de muertos: Bertha y Toño

Llegó el 28 de octubre y Bertha, a pesar de la edad tan avanzada que tenía, se levantó muy temprano –más que de costumbre– y con entusiasmo se preparó para ir al «Mercado de Abastos» para realizar sus compras. A pesar de su edad y las dificultades propias que ésta le generaba para subirse al camión y caminar entre los tumultos de gentes, la emoción de saber que, pronto vendría a visitarla el «amor de su vida» le motivaba más.

Una tarde de primavera Bertha salía de su trabajo en una tienda de autoservicio y, mientras esperaba a que pasara el camión que la llevaría a su casa, las gotas de agua comenzaron a caer del cielo. Toño que esperaba en la misma parada y que era un caballero, al ver que ella extendió su mano para que el autobús se detuviera y que debía pasar bajo la lluvia, le extendió el paraguas para rescatarla. Luego subió al mismo camión, pues le quedaba de paso y, al bajar ella, ya habían platicado por un tiempo así que, se ofreció para acompañarla y así evitar que se mojara.

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En el tráfico

—¡Apúrense hijos! —gritó Juana con desesperación —. ¡Que se nos va a hacer tarde para llegar a la casa! ¡Su papá ya nos está esperando!

Los niños se echaron por la resbaladilla una vez más y luego corrieron a donde estaba su madre. Luego, ella les abrió la puerta trasera del auto para que se subieran.

—Ay hijos. ¡Ven por qué no me gusta traerlos! Luego no me obedecen. Ya es tarde y su papá ya nos va a estar esperando para cenar —dijo a manera de reclamo. Ambos pequeños, uno de 6 y el otro de 8 se sonrieron entre ellos.

Giró la llave del automóvil para encenderlo. Volvió a girarla. Intentó nuevamente pero éste no daba marcha. Mientras sus dos pequeños en la parte de atrás comenzaban a empujarse entre ellos.

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Sin rumbo

El sueño se le había esfumado. Eran aproximadamente las 4:06 de la mañana. La noche había sido muy corta, pues desde que se recostó alrededor de las 11:40 del día anterior, no había podido descansar. Entre el calor que hacía en su dormitorio y las preocupaciones, los ojos no le habían cerrado para tener un buen descanso.  

Se puso de pie, pues ya no sentía que tuviera algún sentido que estuviera de recostada. Se estiró durante medio minuto y luego se volvió a recostar.  

Pensó en tomar el teléfono móvil para ver si tenía alguna notificación en alguna red social. Luego recordó que últimamente no tenía mucha comunicación con alguien en especial; o no con alguna persona de la que le interesara saber.

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Entre la vida y la frontera

–¿Ya llegamos? –musitó angustiada Roberta.

–¡Ya! Bueno, estamos cerca –le respondió, casi en silencio el pollero[1] –. Es cuestión de unos cuantos kilómetros. Deberán estar pendientes. Falta poco.

La migración para muchas personas se vuelve una necesidad. Tener que dejar a su familia y a las personas que quieren para ir en la búsqueda de una mejor calidad de vida, no solo se ve en varones, sino también en mujeres. Este relato habla de los riesgos de la migración. Adéntrate en este apasionante tema con un toque de suspenso.

   Luego, las cuatro personas que iban con ellos sintieron que el camión de carga en el que iban comenzaba a bajar su velocidad.

–¿Qué sucede? –preguntó uno de los jóvenes cuyo sueño era pasar del otro lado para poder trabajar como mesero y enviar a su familia en el Estado de Guerrero un dinerito que les ayudará a subsistir.  –¿Ya llegamos?

–¡No! Ahora guarden silencio –indicó el pollero. Un tipo alto, delgado, de barbas largas y cabello recortado tipo militar, nacionalizado mexicano pero de origen estadounidense.

     El carro de carga en el que iban se detuvo.

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Asomada a la ventana

Se levantó muy temprano, casi de madrugada; se estiró, salió de su cómoda cama y se levantó para comenzar su día.  

De manera sigilosa bajó las escaleras intentando no despertar a nadie, en especial a los niños pues, entonces tendría que comenzar a jugar con ellos y no tenía mucho entusiasmo para hacerlo en ese momento. A primera hora de la mañana.  

Lentamente se acercó a mirar si había algo qué comer, pero ya no había nada; se había terminado todo la noche anterior y por la hora, era prácticamente imposible que hubiera cómo conseguir.  

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