Queridos reyes magos:

–El Gobierno Federal ha anunciado que, si las condiciones lo permiten, a partir de enero de 2021 se retomarán las  clases presenciales de manera progresiva, pues lo más importante es seguir preservando la salud de todos los mexicanos –dijo la comentarista de las noticias de la mañana.

–Esto está muy complicado Maribel –dijo don Guillermo a su hija –. Debes tener cuidado. Yo sé que debes trabajar y, pues no es que quieras salir pero… cuídate. Tienes una pequeña en casa y no queremos que hagas falta aquí.

Maribel bajó la mirada, agachó la cabeza y luego, en voz casi nula dijo:

–Sí papá. Tomo todas las medidas necesarias para evitar contagiarme. –Su padre asintió con la cabeza y sonrió.

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A propósito del día de muertos: Bertha y Toño

Llegó el 28 de octubre y Bertha, a pesar de la edad tan avanzada que tenía, se levantó muy temprano –más que de costumbre– y con entusiasmo se preparó para ir al «Mercado de Abastos» para realizar sus compras. A pesar de su edad y las dificultades propias que ésta le generaba para subirse al camión y caminar entre los tumultos de gentes, la emoción de saber que, pronto vendría a visitarla el «amor de su vida» le motivaba más.

Una tarde de primavera Bertha salía de su trabajo en una tienda de autoservicio y, mientras esperaba a que pasara el camión que la llevaría a su casa, las gotas de agua comenzaron a caer del cielo. Toño que esperaba en la misma parada y que era un caballero, al ver que ella extendió su mano para que el autobús se detuviera y que debía pasar bajo la lluvia, le extendió el paraguas para rescatarla. Luego subió al mismo camión, pues le quedaba de paso y, al bajar ella, ya habían platicado por un tiempo así que, se ofreció para acompañarla y así evitar que se mojara.

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En el tráfico

—¡Apúrense hijos! —gritó Juana con desesperación —. ¡Que se nos va a hacer tarde para llegar a la casa! ¡Su papá ya nos está esperando!

Los niños se echaron por la resbaladilla una vez más y luego corrieron a donde estaba su madre. Luego, ella les abrió la puerta trasera del auto para que se subieran.

—Ay hijos. ¡Ven por qué no me gusta traerlos! Luego no me obedecen. Ya es tarde y su papá ya nos va a estar esperando para cenar —dijo a manera de reclamo. Ambos pequeños, uno de 6 y el otro de 8 se sonrieron entre ellos.

Giró la llave del automóvil para encenderlo. Volvió a girarla. Intentó nuevamente pero éste no daba marcha. Mientras sus dos pequeños en la parte de atrás comenzaban a empujarse entre ellos.

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Artemio el pescador

–Jacinto, vente pa’ ‘ca –indicó su padre.

      Eran aproximadamente las cinco de la mañana cuando don Artemio y Jacinto –el hijo mayor– se habían levantado para iniciar su jornada de pesca. Artemio tomó la lancha, que desde hacía varios años le había servido como medio de transporte, la echó al agua, tomó su red y le indicó nuevamente a su hijo que subiera.

–‘Apa–respondió Jacinto–esa lancha ya tiene hoyo, no nos vaigamos a hundir.

–¡Cómo crees! Chamaco iluso, esta lancha me ha sido de utilidad durante años. Además, ¿cómo quieres tú que comamos si no salimos a pescar en esto?

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Sin rumbo

El sueño se le había esfumado. Eran aproximadamente las 4:06 de la mañana. La noche había sido muy corta, pues desde que se recostó alrededor de las 11:40 del día anterior, no había podido descansar. Entre el calor que hacía en su dormitorio y las preocupaciones, los ojos no le habían cerrado para tener un buen descanso.  

Se puso de pie, pues ya no sentía que tuviera algún sentido que estuviera de recostada. Se estiró durante medio minuto y luego se volvió a recostar.  

Pensó en tomar el teléfono móvil para ver si tenía alguna notificación en alguna red social. Luego recordó que últimamente no tenía mucha comunicación con alguien en especial; o no con alguna persona de la que le interesara saber.

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